El vino de la juventud

 

Por: Carlos José Pérez Sámano 

 

Llegué a John Fante a través de Charles Bukowski. Era uno de sus escritores favoritos. Incluso un día reconoció en él a una de sus principales influencias. Pero Fante estuvo mucho tiempo escondido. A pesar de publicar su primer libro en 1938, fue muchos años después, cuando Bukowski comenzó a hablar de él, que se empezó a dar difusión y reconocer más su obra. Hoy es un autor indispensable. 

 

Recuerdo como fue mi encuentro con El vino de la juventud. El libro llamó mi atención desde que vi la portada. La imagen en blanco y negro muestra a un niño jugando con un avión en el patio de una casa. Me recordó mi infancia. Esas tardes largas que pasaba en el patio imaginando mundos. Ese recuerdo a través de la imagen, combinado con el nombre, me cautivó. Finalmente decidí comprarlo cuando leí que el autor era Fante, aquel que Bukowski tanto me había recomendado leer.  

 

El vino de la juventud es un libro sencillo en apariencia, pero profundo y transformador. Son cuentos que nos muestran toda una época, un contexto histórico: los migrantes italianos de los años 20 en Estados Unidos. Está conformado por pequeñas historias que narran la vida de un niño a través de los años hasta convertirse en adulto y todas las condiciones que lo marcan de por vida.  

 

El protagonista se enamora de la monja que lo instruye, se enoja y golpea a su padre alcohólico, ayuda a su madre con las tareas de la casa, sufre la pobreza y discriminación por ser de origen italiano, descubre su identidad dentro de su familia, cuestiona los principios católicos y ama el béisbol.  

 

Desde las clases de catecismo hasta la muerte de un primo, el libro nos muestra la realidad del hijo mediano de una familia de origen italiano que se muda a Estados Unidos en busca de un mejor futuro y se enfrenta a la pobreza, la discriminación, el alcoholismo y la falsa idea del sueño americano.  

 

El estilo de Fante es puro. Detrás de historias simples hay toda una concepción de la historia y la humanidad. Detrás de una anécdota triste o colorida, hay una comprensión de la vida. Lo mejor: la fácil lectura de sus textos. Lo más interesante: uno se imagina viviendo lo mismo que el protagonista. Lo más asombroso: descubrir que aunque parecen reales, todas las historias son ficción.  

 

Una lectura que se le puede dar al texto, es imaginar esta familia de inmigrantes italianos recién llegados a Estados Unidos, como un símbolo de la sociedad occidental que se construía a mediados de siglo XX: la búsqueda de una nueva identidad a partir de las condiciones actuales, sin querer perder las tradiciones y rasgos de la cultura de origen.  

 

Leer El vino de la juventud de John Fante es una garantía, usted no solo pasará un delicioso momento imaginando las aventuras del protagonista, sino que recordará los brillantes y oscuros momentos de su infancia, que lo hicieron ser lo que es ahora.

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La Línea 2  del Metro será desde este mes y hasta septiembre una galería móvil, ya que cuenta con un convoy intervenido con la obra del artista y activista social Keith Haring, quien es uno de los representantes de la generación pop de la década de los 80 y sus representaciones artísticas consisten en sencillos y coloridos dibujos de animales y figuras danzando. 

Los usuarios de este medio de transporte además, podrán disfrutar de 80 piezas de artistas contemporáneos como Philip Lorca DiCorcia, Tracey Emin, Robert Montgomery, Nicolás Paris, así como el colectivo Public Movement. 

El convoy intervenido forma parte de la exposición “Ser Humano, Ser Urbano” y se suma a otras intervenciones artísticas como “Leyendas de Lucha Libre” e "Ídolos del Boxeo Mexicano", así como el Museo del Metro Mixcoac.