Indiscriminado amor...

 

 

Por: Ana Mena 

 

Octubre 2017

 

Haz lo que puedas, con lo que tengas, donde estés. – Theodore Roosevelt 

 

 

Chimamanda Ngozi Adichie pide que soñemos con un mundo distinto. Bueno, en  realidad pide que empecemos por soñar con el “plan”  para que sea  diferente. Más justo, más feliz, más honesto.  Esta idea es parte de su discurso al presentar la publicación del ensayo de su autoría,  “Todos debemos ser  feministas”.  

 

La primera intención de este texto fue enunciar (una y mil veces más, las que sean necesarias)  las situaciones de extrema violencia, injusticia, inequidad, discriminación  y desigualdad que sufre la mujer en el mundo y hoy, como triste referencia, nuestro país, nuestro estado. Seguramente habría concluido  el tema con la única solución posible: educar a la sociedad. Pero entonces, tembló. 

 

Nos tembló la casa, nos tembló la vida, nos tembló el alma y nos tembló la voz. 

 

Y ahora, mientras escribo esto, otros, los jóvenes, los soñadores, los que no planean más allá del día, del fin de semana, del próximo viaje, los que se adelantaron al ejército, a la marina, a las instrucciones, a las órdenes, a las autoridades y se adueñaron del temblor;   primero para salvar al día de la noche, como si ésta no existiera al menos por un tiempo, para poder salvar el resto, lo que sobrevive y  rescatar lo que se pueda, a los niños primero, luego a todos, también a los animales,  a repartir con urgencia  lo que llega a sus manos, después, a mover, a  sacar,  a limpiar hasta quedar exhaustos y tristes. No pueden, ni quieren dormir en paz.  

 

No están satisfechos, no es suficiente. 

 

Que la tierra se mueva, se abra,  se acomode, destruya  lo  construido,  arrebate la calma,  desmorone por dentro  y llene de miedo, no está en el plan de nadie.  Que la fuerza destructora de la  naturaleza despierte entre nosotros un amor indiscriminado, más cercano a la solidaridad y a la fraternidad, que a la caridad, nos mantiene animados. Llevará tiempo reconstruir, durará un rato la necesidad de apoyar.  

 

Cambiar la forma de pensar, de actuar, de educar, hacerlo  diferente de la forma en que lo hicieron nuestros padres, nuestros abuelos. Retar convencionalismos, romper   estereotipos, soñar un plan distinto suena bien, un poco tardo para la urgencia de salvar vidas entre los escombros del sismo y de la sociedad.  

 

Los jóvenes no están en el ánimo de esperar que alguien más se ocupe, los demás, nos trepamos cómo podemos,  emocionados y animados en su tren. Quizás entonces tiene sentido soñar con un mundo un poco más justo, un poco más honesto, un poco más feliz…  

 

No lo suelten.  

 

A punto de concluir el texto, leo esta nota: El rey de Arabia Saudita, Salmán bin Abdulaziz emitió una orden para “permitir” a las mujeres tener licencia de conducir…  

 

 

El dèjá vecú del arte terapia 

 

Por: Ana Mena 

 

Agosto 2017

 

El arte no es el final, el arte es siempre el principio. -Ai Weiwei 

 

Estoy de acuerdo, el arte ha servido para entretener, para comunicar, para expresar, para manifestar, para denunciar, para adornar,  para todo y para nada. Pero, para curar, salvar,  redimir, cambiar, no sé, depende.  

El arte como terapia,  psicoterapia, aparece como valor de juicio a mediados del siglo pasado,  y el arte-terapeuta es el personaje que pretende ayudar a resolver conflictos emocionales y psicológicos,  además de suponer una alternativa de búsqueda interior, de exploración, de auto-conocimiento y desarrollo personal mediante la creación artística. Teniendo como único fin del proceso creativo la salud mental y emocional del “paciente”. Por decirlo fácil.  

Sin embargo, vale la pena recordar que las primeras sociedades humanas carecían  de inteligencia desarrollada y es casi imposible considerar que existiera un proceso creativo consciente al momento de representar emociones y recrear en  formas el miedo, la alegría, la magia, el misterio, etc., fue una forma de catarsis y  probablemente desde entonces,  surgen una serie de cualidades y rasgos que hoy consideramos “valores artísticos” al calificar imágenes, objetos y construcciones de todo tipo,  no utilitarias.  

Aristóteles ya hacía consideraciones sobre la utilidad para la sociedad de la catarsis que sufría el espectador ante expresiones artísticas como el teatro. El artista también lograba la purificación al liberarse de pasiones mediante la interpretación y acción creadora. Más adelante, el simbolismo se adueñó de las expresiones creativas,  la metáfora y la alegoría  se sumaron a los valores primitivos; el concepto, la idea y la experiencia por encima de la obra realizada; el activismo político, social, ambiental, etc., etc., y todos son “valores” del arte que resultan  de las exigencias emocionales, intelectuales y espirituales  de la sociedad a lo largo de la historia.  

Actualmente, inmersos en un mar de posibilidades materiales e inmateriales, sin aparentes  límites de comunicación y conocimiento y de cara a la llamada cuarta revolución industrial, la  desocupación es el tema central, el tiempo libre, el retiro obligado. La enfermedad es  el aburrimiento, el ocio y seguramente el eterno cuestionamiento existencial,  los robots son los culpables, ya hacen mucho y lo harán casi  todo, excepto, lo creativo, dicen. 

El humanismo filosófico en su expresión mas contemporánea proclama la urgencia de salvar al hombre del hombre, del caos, de la insatisfacción. En un cocktail de teorías y disciplinas, el arte es re considerado el remedio para casi todo  mal aunque en el resultado  me parece cercano a una moda de terapia psicológica para todos. 

La creatividad es una capacidad exclusiva del ser humano. El pensamiento consciente y el pensamiento abstracto son un logro del desarrollo intelectual. En cualquier acto creativo aún en la interpretación y ejecución de una obra,  debe observarse por lo menos rasgos de  originalidad, innovación, desafío, entre otros, para calificarlo como  creación artística. 

El arte ha sido desde siempre un paliativo, sin necesidad de elevarlo a calificaciones y comprobaciones  científicas. Enfermedades, enfermos, terapias y terapeutas. 

El artista vive rodeado de un halo de misterio, de incomprensión, de inestabilidad, de bondad y de locura. El ser humano cercano a las artes, a su apreciación, comprensión y ejecución es siempre mas humano. El arte me gusta verlo como  arte y  al  artista como  artista. Ni el arte, ni el artista salvan per se.

De la experiencia estética a la conciencia artística… comer bonito 

 

 

Por: Ana Mena 

 

Julio 2017

 

¿Qué cosa es morada en la tierra, roja en el mercado y amarilla en la mesa?  

-Adivinanza Iraní

 

Confieso que desconozco la respuesta a la adivinanza y que esta vez, de ninguna manera pretendo  llegar a una conclusión que guste o interese al lector. No trataré de convencer a nadie y seguramente mi opinión solo sirva para que alguien se ponga de puntillas y asevere lo contrario. 

Hablar de arte culinario, no es lo mismo, no es igual, que hablar de artes plásticas.  

De las bellas artes, ni en las plásticas, ni en las visuales, ni en las decorativas, se ha incluido la parte de la gastronomía que se refiere a la interpretación creativa y original de cocinar y servir alimentos y no por tratarse de “arte menor”, que supone la participación de los sentidos del tacto, del olfato y del gusto para su apreciación, en todo caso, los sentidos de la vista y el oído que serían exclusivos para el disfrute del llamado “arte mayor” también serían usados al momento de ver, escuchar, oler, tocar y degustar los alimentos; tampoco es porque le falten cualidades propias de las expresiones artísticas más elevadas puesto que, la presentación de un plato de comida apetecible, es en primer instancia una experiencia estética, emocional e intelectual, y por último, no será por falta de actualización de la humana obsesión de calificar, clasificar, re clasificar y ordenar todo.   

Por qué entonces, el debate de si merece o no el estatus de artista plástico, el autor/autora de la obra maestra de nuestra “cotidana” necesidad y derecho a los sagrados alimentos.  

De lo cotidiano, dice el diccionario, es lo “que ocurre a diario”, “lo ordinario”, como el desayuno, la comida, la cena, como bañarse, cepillarse los dientes, caminar,  etc. De lo ordinario dice, es lo “común y habitual”. De lo común, es lo “que no es especial o selecto” y podemos seguir con las afinidades que describen el diario ritual de alimentarse. 

Si el arte culinario “es una manera imaginativa y peculiar de preparar y presentar los alimentos”, diferente en cada cultura, con características propias de cada pueblo y de cada región, con factores económicos y sociales que intervienen en la interpretación, valoración del mismo.  El “artista” de la cocina (en toda la escala social) es considerado como tal hace cientos de años. El cocinero ha sido apreciado en su dimensión de creador y ha provisto a la sociedad del placer del banquete cotidiano, común, ordinario. La evolución y revolución de las formas, lo ha llevado a la sofisticación, a crear reglas para emplatar (presentar los alimentos en un plato) siguiendo discursos artísticos como armonías, equilibrio, texturas, etc. que a veces superan en importancia al discurso tradicional  de olor, sabor, etc.,  

Regreso a los adjetivos para concluir. Algunos antónimos de cotidiano son: excepcional, especial, extraordinario, inaudito, portentoso. Entonces, si sabes quién fue Miguel Ángel Buonarroti y no te suena el nombre  de Bartolomeo Scappi, es porque hablar de Artes Plásticas y Artes Culinarias, no es lo mismo, no es igual. De lo cotidiano a lo sublime.

Llevarme (a mí)  al huerto…  con la verdura 

 

 

Por: Ana Mena 

 

Abril 2017

 

Es un buen comienzo, si con eficaz retórica contemporánea, impacto visual que amenace con imágenes catastróficas y apocalípticas, con teorías de supervivencia y perpetuación de las especies, me convencen y seducen para cambiar  la costumbre o  la mala costumbre de consumir vegetales (frutas,verduras y legumbres) de la recaudería o del super mercado y cambiarla por la romántica idea de una azotea,   terraza o parte del jardín, decorados con ordenadas cajas de madera rústica bien ensamblada de las que emergen verdes mechones, salpicados de colores y formas que ofrecen en todo su esplendor la mejor interpretación de tan mentada hortaliza urbana. Si además, me imagino con sombrero de ala ancha, guantes, mandil, tijeras y canasta en mano al cuidado personal de esta empresa, resulta la terapia ocupacional perfecta para gozar de plena salud física y mental en un cambio (dicen), de un solo paso y con muy pocos pesos. 

 

La razón de hacerlo, sería el pretexto y la convicción de que el cuidado del medio ambiente es un asunto que empieza en casa, y creer o no, la leyenda que inunda las estanterías de los supermercados que anuncian la cualidad de orgánico o ecológico en cada vez más productos con su consecuente elevado costo. Sin intenciones de   lucubrar, estas cualidades es imposible considerarlas totalmente posibles. Basta recordar que lo contrario de producir sin contaminar, ni modificar genéticamente alimentos, ni intoxicarlos con pesticidas y fertilizantes, fue precisamente el intento de solucionar la creciente demanda alimentaria mundial. No resuelto el problema de producir más y mejor para que a todos alcance, ahora el tema se centra en salvaguardar la salud. Parece irrefutable el punto: si el remedio resultó peor que la enfermedad, no debiera poner en duda la urgencia de adoptar una actitud ecológica, sin embargo, es obvio que los productos de una hortaliza casera, no son per se, más saludables o de mejor sabor, sencillamente porque eso depende también del origen y calidad de la semilla, del cuidado y dedicación, del entorno y, aceptémoslo, de la suerte, de la bendita fortuna de lograr siempre, una buena cosecha.  

 

Aroma de campo en la ciudad, es motivación para tener un huerto urbano. Mi reserva sobre las bondades de convertir el jardín en un laboratorio tiene que ver más con el sentido del humor que despierta en mí la intuición y algunas leyes universales que no se nombrar, pero que dicen: 

  • Que el huerto (jardín) del vecino, será más verde, florecerá mejor y no tendrá bichitos. 

  • Que el simple hecho de que yo prefiera las alcachofas, espinacas, lechugas, calabazas, hará que mi huerto sea idóneo para tener coliflor, rábanos y acelgas en cantidades industriales. 

  • Que el día que necesite cilantro lo que tendré a mano será perejil y viceversa. 

  • Que si, la vida (huerta) me da limones, después de hartarme de limonada, saldré a venderlos, cambiarlos, regalarlos y a organizar un mercado. 

  • Que además del tiempo que por gusto emplearé en cultivar mi huerto como terapia, me veré en la necesidad de tomar cursos y diplomados sobre el tema que no tendré tiempo para nada más, me habré convertido en hortelana. Adiós a mi profesión.  

 

Poderosa amenaza es no estar a la moda, no ser y hacer tendencia y sobre todo, no mostrar actitud. Tendré un huerto en casa. 

  

“No os atreváis a tocar 

ni un palmo más a la huerta, 

ni un palmo más a la loma. 

¡Fuera de aquí, negros topos! 

¡Fuera de aquí, comadrejas! 

(Fragmento de poema de Antonio M. Herrera) 

 

 

Soy milenio y soy voluntario

 

Por: Ana Mena

 

Enero 2017

 

“A mis soledades voy, de mis soledades vengo, porque para andar conmigo, me bastan mis pensamientos”, versos que me hacen sentido al tratar de escudriñar el pensamiento a veces radical de los jóvenes (y ya no tan jóvenes) del milenio. “Ni estoy bien ni mal conmigo… “Entiendo lo que me basta y solamente no entiendo cómo se sufre a sí mismo un ignorante soberbio”, tal como lo escribió Lope de Vega. 

“Soy como soy” dicen que son, y algunos lo serán, otros no. Lo cierto es que, lejos de atribuirles talentos, cualidades y dones, solo por ser jóvenes, esta vez habrá que reconocer y dimensionar en alguna medida, el movimiento global de ayuda voluntaria que, al margen de ideologías, creencias y preferencias, con un sentido de trascendencia, asumen los nacidos en los años ochenta y noventa. Es un tema del siglo XXI y es tendencia mundial: ayudar por ayudar, hacer voluntariado, tener un proyecto social o, como lo han llamado con ironía los dudosos de tanto altruismo nato, hacer “volunturismo”. No es que la voluntad de ayudar nos sorprenda ahora, tampoco es que se mire como la panacea. No es el fondo, es la forma.  

    

Ayudar no es un verbo fácil de usar. Parece tener todo un sentido idílico en su interpretación simple y llana y a veces, llega con tan poco significado a la práctica.  Al conjugarlo, en primera persona, te presenta como un ser “humanista". Ser el “ayudador” conlleva una experiencia catártica, incluso afirman, te acerca a la felicidad. Hacerlo voluntariamente y sin remuneración es la purificación del espíritu.  Visto así, parece perfecto y casi lo es, hasta entrar en los odiosos detalles. Ayudar a quién me ayuda a cumplir con la misión propuesta por convencionalismos sociales y de época, es una forma de trueque, de negocio, de círculo perfecto de convivencia armónica, planeada y sustentable, de completa obviedad.  

 

El desarrollo desequilibrado y desigual de las sociedades, la vulnerabilidad creciente de minorías en todo el mundo, el fenómeno de las guerras, las movilizaciones masivas, los desastres naturales, la eterna y extrema pobreza, la información masiva y profusa son algunos ingredientes  para el cultivo perfecto de voluntariados y voluntarios principalmente jóvenes que impulsados por las universidades e instituciones que recomiendan un año sabático,  el “gap year” antes de ingresar a los estudios profesionales; los padres que procuran a sus hijos, en la medida de lo posible experiencias “internacionales”, un tiempo de “búsqueda y reflexión” ante un mundo que se percibe sobre todo entre los jóvenes caótico y difícil  y por otra parte  el sentido de libertad sin responsabilidad, sin compromiso, el intercambio cultural, el ampliar horizontes y sumar experiencias gratuitas son el complemento perfecto de lo que  hoy se perfila como el “boom” de las generaciones pro humanistas: el voluntariado. 

 

De manera natural, los países que aparecen en la preferencia de los voluntarios tienen las cualidades idóneas, desde el choque e impacto cultural, hasta la percepción de diferentes escalas de valores que presenta la diversidad social.  

 

Dejando a un lado el oportunismo de la moda y el mercado que envuelven el tema, no puede ser mejor visto por la propia sociedad que el individuo se interese por el individuo, de aquí o de allá. Es muy pronto para hablar de mediciones sobre la realidad del aporte, pero en definitiva, ha generado una revuelta en la insipiente consideración de la otredad. 

 

 

   

Digitando 

 

Por: Ana Mena

 

Octubre 2016

 

Para el arte, el medio, no es el fin. Por lo menos en la creación y/o producción de arte así se debe entender. Sin embargo, el tema que trata Walter Benjamín (filósofo y escritor alemán) en el ensayo "La obra de arte en la era de la reproducción tecnológica" publicada en 1936, hoy todavía genera cualquier cantidad de discursos. Aunque el filósofo no se refería entonces a la polémica que causa el arte producido mediante medios electrónicos, particularmente digitales, que, con infinidad de recursos tecnológicos permiten su producción y reproducción de diferente manera a lo que conocemos como medios tradicionales, ya suponía las consecuencias de la politización cultural, de la democratización y masificación del arte y con la referencia específica del cine analizaba cómo el hombre “se apoyaba” en la tecnología para crear una obra que según la interpretación de sus escritos perdía con ello el “aura” y la esencia de la creación pura.  

 

En la década de los 50 se presentaron las primeras exposiciones de arte gráfico producido por una computadora. En 1964 Charles Csuri creó lo que llamó la primera computadora de arte y más adelante este pintor ganó un premio produciendo su auto retrato por medio de un programa de gráficos es considerado pionero del arte digital. De entonces a la fecha, la producción de arte digital ha logrado su propio espacio en las plataformas de exhibición de arte. La animación digital, por ejemplo, merece un estudio especial por la capacidad de crear universos artísticos cuyo soporte principal son los video juegos. 

  

El uso de la tecnología digital ha abierto permanentemente el debate sobre la utilización de los medios digitales como recurso para crear, corregir, retocar, modificar una obra pictórica en su proceso. También se discute sobre la pertenencia de este género creativo a la disciplina del diseño gráfico. 

 

Con el arte digital prácticamente todas las disciplinas artísticas han abierto un espacio para interactuar con las nuevas tecnologías. La pintura digital, por ejemplo, sigue las mismas reglas de la pintura tradicional, intenta imitar el estilo, tendencias, etc. con la utilización de un medio de soporte electrónico y con una paleta que imita los colores clásicos, sin embargo, el artista enfrenta el mismo reto creativo al momento de trabajar, aunque siempre será menos complicado borrar en la pantalla, no lavar pinceles, prescindir de un espacio y decidir en qué momento y sobre que soporte material quedará plasmada su creación.  

 

Finalmente, ejecutar correctamente un instrumento musical, escribir con puntualidad, danzar, bailar, cantar, actuar apegado a las reglas prescritas; empezar de cero, aprender las bases, conocer la técnica y usar adecuadamente los recursos de cualquier disciplina es apenas el principio. Para entender la finalidad del arte, habría que liberarlo de una función social, al artista, habría que negarle el nombre y al espectador habría que darle la última palabra.     

¡Vuelve a casa!

Por: Ana Mena 

 

Agosto 2016

 

¡Vuelve a casa!... No se trata del ruego de quién espera el regreso; es la "invitación", así entre comillas, de algunos oriundos, lugareños, o simplemente residentes de cualquier destino que se precie de tener y padecer turismo. Aunque la oferta de nuevos lugares para visitar aumenta y supera la expectativa del más exigente, extravagante y estrafalario gusto, en los sitios y ciudades que mantienen el mayor registro de visitantes se puede encontrar pintas con frases como: "turista, vuelve a casa, no eres bienvenido" "el turismo destruye la ciudad", “aquí no se aceptan turistas ni animales”, entre otras. 

 

La panacea de las economías emergentes es el turismo. Constantemente se estudia, define y redefine al turista y sus necesidades, pero el tema recurrente es el impacto que causa la masiva e invasiva presencia del ser humano donde quiera que vaya.  

 

El sector más sensible a la derrama económica que genera el turismo es el de servicio. Más turismo, más servicio, mejora económica, pero no funciona así para todos. Tal parece que las hordas de adolescentes (y adultos), armados con un smarthphone, dos mudas, una botella de agua, comida en barras y energía inagotable, no es sinónimo de ganancia para el lugar.  

 

Quienes afirman que no es lo mismo ser un viajero que un simple turista, y que el arte y la ciencia de viajar no es igual para todos, pueden tener razón. De ahí, que no resulte atractiva la presencia de cierto tipo de turismo. Y se entiende. Se ha perdido estilo, glamour. 

 

El turismo moderno se considera a partir del surgimiento de viajes organizados por puro placer y de eso hace ya más de cien años; antes, desde siempre, habría solo viajeros por necesidad. Hoy viajar por placer es casi un derecho y como lo consideran algunos una religión.  

 

Las formas han cambiado, los agentes viajeros de hoy son "blogueros y youtubers", cuya misión es convencer de ir a ciertos puntos (patrocinados), crear tendencia y generar turismo dirigido. Hay nuevos estilos de viajar que van desde la oferta de visitar los lugares con más pobreza en el mundo (turismo pobrista), visitar sitios donde ocurrieron grandes tragedias (turismo negro), hasta el extremo de ofrecer viajes a la luna en un futuro. La crónica del viaje escrita, otrora indispensable para completar la experiencia, ya no es necesaria, basta con subir la foto, un comentario y al instante se da por transmitida la sensación. La industria del turismo en pleno, buscando complacer al consumidor. 

  

La idea de viajar tiene un sentido profundamente filosófico, moverse libremente, escaparse, perderse sin itinerario ni agenda, ni horario, ni restricciones. Turistear lleva consigo el rigor de la planeación, el orden, la disciplina, la imagen obligada, y el recuerdo. En ambos perfiles cabemos todos, a veces viajeros, a veces simples turistas, el tema es: aunque la nota siempre es por algún mal servicio al turista, la calificación, buena o mala es para quien “nos recibe” en su casa. Hoy, el turista, el viajero, puede convertirse sin advertirlo, en la plaga del siglo, enfrentar cambios y medidas para controlar el daño que causa y en definitiva ver restringida la posibilidad de viajar libremente. Es una reflexión.

 

Ni amor forzado, ni zapato apretado.  

Por: Ana Mena

Mayo 2016

“Ponte mis zapatos, porque no puedo (aunque quisiera) ponerme en los tuyos”

 

Seguramente me he puesto el zapato de alguien más. Nomás por saber, nomás por sentir, nomás porque sí. Nunca por empatía. La emoción de ayudar es otro asunto.

 

Me los pongo de dos en dos, de hule, de piel, de tela, de re uso y reciclados; de tacón o de piso. Ora por protegerme de este suelo mustio que lastima si no te andas con cuidado. Ora porque así se usa, ora porque me place. Y si no camino, igual me pongo un par, por si las dudas.

 

A veces los miro de reojo, con recelo y duda de que me aguanten el paso.  Con algunos pares, ya pisé sobre los muertos, sobre las ruinas, sobre lo verde y lo seco, sobre excremento y sobre basura. Brinqué en los charcos y peores cosas. Pisé (por comodidad) por dónde otros pasaron, por dónde no debía, por dónde me prohibieron y por dónde me dio la gana. Insistentemente piso sobre el mismo suelo y sobre otros, sólo pisé una vez.

 

Enzapatada de por vida, entre los de descanso, los de trabajo, los de fiesta y los de luto. Para bailar, para correr, para lucir decente, para mandar al diablo, para pedir prestado, para pagar las deudas, para cobrar afrentas, para salir huyendo, para aferrarme a un suelo. Con los de ir a misa, los de pecar, los de llorar, los de barrer y hacer quehaceres.

 

Mis pies son la horma perfecta, les dan a los zapatos cierto carácter que los distinguen de los nuevos, después de sufrir un poco, acaban por domarlos, hasta el punto de que parecería imposible que otro pie (que no sea el mío) cupiera en ellos. De cuando en cuando sonrío al verlos ahí, tan alineados, formados y deformados por mis andanzas. Algunos me han hecho sentir satisfecha y feliz, por ejemplo: cuando calzo los de mujer, los de madre, los de hermana, de hija, de amiga. También me pongo con gusto los de protesta, los de batalla y los de solidaridad y con muy pocas ganas uso los de la derrota, el fracaso o la resignación.

 

Justo cuando llega el momento en que MIS zapatos y yo armonizamos, imaginarme en los zapatos de otro, no suena razonable y no es antipatía. Pero, porqué habría de querer “ponerme” en los zapatos de alguien que sufre, o que está enfermo, o que ha perdido todo. Cómo podría calzar los de un refugiado, o los de un huérfano, los de un mendigo.  Porque debería tratar de probarme los de un preso, o un ladrón. Lo que es peor, los de un político, de un fanático religioso, de un conductor de noticiero. Y qué lógica puede tener que yo espere que alguien use mis zapatos para comprenderme mejor. No es objetivo pensar que puedo sentir totalmente lo que siente otro individuo en un momento y circunstancia especifico.

 

Mejor presto mis zapatos, y no cualquier par, los que no aprietan, ni lastiman, los que consuelan de solo usarlos, los que aguantan la carga, los que delatan lo andado y lo aprendido. Presto los que parece que entienden y escuchan, los que hacen ruiditos al caminar como si platicaran.

 

Arte, ¿solamente urbano?

Por: Ana Mena

Febrero 2016

 

“Por lo menos esto hay de común entre la poesía y la arquitectura: tratan de dar a los hombres un lugar en el espacio y el tiempo. Filosofía, poesía y arquitectura, quieren hacer que nuestro mundo sea habitable” dice Ramón Xirau filósofo mexicano. Y si la pintura es poesía para los ojos, como dijo Lope de Vega, se vale entonces, comprender el arte urbano como una postura filosófica y poética capaz de transformar el espacio propio del paisaje arquitectónico de las ciudades.

 

Definir la línea que separa la intervención pictórica del vandalismo resulta fácil, ya que, el street art por más ilegal que se presuma, cada día se aleja de la ilegalidad con la que se habría señalado al grafiti en algún momento. Tampoco me parece post-grafiti, pues en parte sigue siendo “un escrito, inscripción, o dibujo (pintura) espontáneo realizado en las paredes, puertas o muros de lugares públicos”, solo que ahora muy cotizado y reconocido incluso en festivales  y ferias de arte. Quizás en términos de los críticos de arte, ha cambiado la poética y el contenido del discurso, pero no en el sentido de la expresión artística desbordada de los medios convencionales. El gestor de muros es el modelo de galerista o promotor de artistas.  

 

La crítica social y las crisis económicas en algunos países han sido el detonante del surgimiento de colectivos de arte urbano, sin embargo, este movimiento parece no querer tendencias específicas. De manera global sobresalen temas de humor, de conciencia social, de cultura popular e incluso de reflexión, cada vez más alejados del underground y cercanos a una actitud filosófica posmoderna caracterizada por la crisis de valores e ideas modernas que apuesta por la tolerancia y pluralidad de pensamiento. Desde rasgos de  trazos paleolíticos recurrentes  en la obra del español David de la Mano,  hasta  personajes de Star Wars conviven sin curaduría en los muros de las grandes urbes.

 

Sin embargo, el mapa mundial de las ciudades con el mayor número de obras de arte urbano o callejero presenta tendencia de interés comercial y de turismo. Hacer un recorrido para conocer obras requiere de traslados de un extremo a otro del mundo y de un lado a otro de la ciudad en turno. La gestión y planeación han permitido concentrar artistas y muros en zonas de fácil acceso.  Aun así,  la web resulta el mejor escaparate para estas obras. Otro punto a considerar que deja al arte urbano como una propuesta efímera o intervención temporal es la difícil conservación de las obras.

 

Bansky, precursor de este movimiento ha sido rebasado por los miles de artistas que literalmente se han lanzado sobre los muros y espacios públicos, en un intento de reunir filosofía, poesía y arquitectura.

 

 

 

Y si no gusto... ¿Que?

Por: Ana Mena

Diciembre 2015 

 

El espejo ha sido uno de los más divertidos inventos de la humanidad, antes de tenerlo,  una imagen reflejada solo fue posible mirando en un remanso de agua. Verse (a uno mismo) implica hacer el juicio primero y cercano a una realidad que en estricto sentido es por defecto, irreal o surrealista y revela la mayor especulación  humana "gustarse y gustar".

 

Entre verse  reflejado, definirse físicamente y reconocer rasgos de entre los miles de adjetivos que se han inscrito para llegar a complicadas definiciones con implicaciones de percepción cultural, ideológica, filosófica, doctrinal, etc.,  y aparecer retratado en el espejo de la modernidad  asumiéndose simplemente "bello" en un sentido universal, es decir  del gusto y agrado de todos, hay alguna diferencia.

 

El criterio general de aceptación de "uno mismo" coincide  con el sentimiento de amor propio. La autoestima es un refuerzo de la conciencia y quizás con los años un derecho. Por el contrario, la  sobre estima sin llegar   a connotaciones  narcisistas es defecto de  poderosos y encumbrados y, el colmo de los tontos.

 

Así, sin dar chance a medianías Mark Elliot Zuckerberg, nos tiene bajo dominio psicológico a más tontos que famosos y poderosos persiguiendo un "like" como si se tratara de un respiro de vida, un aliento. Para más diversión los programadores de facebook, consiguieron elevar  el nivel de estrés del juego  vanitas-vanitatis al ponernos la posibilidad de pedir a los amigos y a los amigos de esos amigos que sin más gestión de por medio, expresen públicamente su gusto hacia nosotros. No satisfechos, también nos colocan en la penosa situación social de dejar registro del gusto o la indiferencia ante tal a cuál publicación.

 

Todavía no existe la posibilidad de poner "no me gusta" y esto puede ser debido a diferentes  razones pero probablemente alguna tiene que ver con los resultados de estudios sobre conducta que han desarrollado en diversas partes del mundo. Por ejemplo: El instituto de Investigación de la Felicidad en Copenhagen, Dinamarca, después de hacer pruebas en dos grupos de usuarios y no usuarios de Facebook, llega a la conclusión de que estos últimos son más felices y menos propensos a deprimirse que el primer grupo.

 

Ser evaluados  y acreditados constantemente en las redes sociales ha contribuido a  generar complejas formas de baja auto estima, se habla de tensión y  estrés que causa el ser ignorado en un grupo. El efecto es similar para todos,  por edad y género y la reacción, es más o menos parecida, a más  "me gusta", más publicaciones. Por el contrario los  usuarios pasivos ven literalmente pasar el circo de los tontos tras la fama. A diferencia del narcisismo que sugiere un exacerbado amor a sí mismo, y que se complace con  mirar  el propio reflejo, el espejo virtual  exige que yo me mire, que tú me mires, que te guste y que me lo digas.

 

Mientras los estudiosos se ocupan de prevenir y remediar los problemas psicológicos que causa la interacción virtual y los escépticos se regodean de vaticinar a corto plazo el colapso de las principales redes sociales, el resto  debemos preocuparnos por el equilibrio de nuestra salud emocional, el Facebook debe ser tan divertido como mirarse en el espejo y gustarse tal cual.

 

Por si las dudas,  no dejes de ponerme "like" gracias.

 

   

 

Ser tendencia o nada

Por: Ana Mena

Octubre de 2015

El "arte" se ha encargado de crear  estereotipos para luego representarlos y volverlos  iconografía. El artista del retrato se esfuerza en presentar  con carácter filosófico lo  visto y conocido del plano físico. Busca la esencia, el espíritu y demás componentes del plano metafísico. Inventa la historia detrás de la imagen y demuestra que el talante por encima de la belleza, es lo que importa. Los rasgos son solo un esbozo de la intención final.

El artista y el modelo cumplen su cometido y la historia confirma la pertinencia del predominio del retrato y del auto retrato  sobre otros temas de creación artística.  Tiene sentido entonces la minuciosa tarea de descubrir verdades  escudriñando imágenes.   

Aunque el retrato es una descripción fabricada ex profeso y a modo de las exigencias del contrato, no todo puede ser mentira en los rostros y composiciones de los miles de personajes que vemos en figuraciones pictóricas y escultóricas. Cada personaje parece ser elegido para ser referencia y tendencia de una época. El artista pretende representar solo motivos, pero el estudio de estos, revelarán al cabo el perfil, la etopeya de las personas.

Rendidos ante el arte de la simulación, deseosos de ser tratados  por la mirada  maliciosa y soberbia de un  artista (que casi siempre termina por verse a sí mismo en cada personaje) todos, o casi todos, para ser justos con algunas culturas que se niegan al culto de la imagen, nos hemos mirado al espejo con el deseo de perpetuar conscientemente nuestra personal idea de lo que somos, queremos creer que somos y que nos crean que somos. 

Retratarse tuvo y tendrá preferencia por encima de cualquier otro espectáculo rutilante en las adicciones y manías de la humanidad. Ha sido, es y será tendencia perpetuarse en una imagen.

Pero la tecnología ha desvirtuado un poco el asunto. Aunque Rembrandt van Rijn (1606-1669) pintó alrededor de 90 autoretratos y Sofonisba Anguissola (1535-1625) destacó por el mismo tema; esa obsesión sería ridiculizada por cualquier persona con un dispositivo móvil inteligente, capaz de producir ráfagas de imágenes instantáneas y publicarlas al instante. Probablemente solo el artista estadounidense  Bryan Lewis Saunder quien ha pintado más de 8 mil auto retratos y  muchos deliberadamente bajo la influencia de alguna droga para conseguir variantes podría competir con la obsesión del auto retrato digital o “selfie”  que descara la levedad que nos define como una sociedad ligera, con poco interés en asuntos filosóficos o siquiera preocupación del sentido de la trascendencia histórica de una imagen. ¿Qué posibilidades tiene la iconología de dictaminar acertadamente sobre los millones de imágenes digitales  de auto retratos  para crear un perfil fidedigno de las personas de hoy? ¿Qué dicen tus “selfies” de ti? 

Para ser, por lo menos hay que parecer…  

 

Copiar y Pegar

Por: Ana Mena​

Septiembre de 2015

 

Hasta dónde somos dueños de lo que imaginamos, del pensamiento como principio generador de una expresión inédita. Hasta qué punto podemos ser realmente originales,  auténticos y novedosos cuando nos proponemos crear.

 

Sin duda, la creación intelectual debe considerarse propiedad del autor. Plagio, es copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias, según el diccionario de la RAE, pero en la actualidad  “copiar y pegar” se ha convertido en un hábito que se escapa a la percepción de un delito.

 

El tema  obliga a reflexionar sobre el límite entre el uso de ideas y conceptos ajenos, para el desarrollo de nuevas ideas y conceptos y el deliberado robo de una obra intelectual o la omisión del debido crédito.

 

El escritor sentado entre pilas de libros de autores de su preferencia, leyendo y releyendo,  el músico que repite una y mil veces la misma partitura hasta lograr que su interpretación sea acaso mejor que la del propio autor,  el arquitecto, el pintor, el fotógrafo, el poeta, etc. El hombre estudiando (copiando) al hombre, para intentar parir una sola idea inédita, aunque inevitablemente resulta un “remake”.  

 

Se publican  ideas y conceptos concebidos para ser copiados y pegados de forma exponencial,  en eso radica su vitalidad. El riesgo hoy, es no ser copiado y morir en el anonimato. La marejada no permite reparar en detalles obvios y damos por hecho que alguien lo hizo o dijo primero y de facto autoriza su uso al publicarlo.

 

Sin embargo, Luc Tuymans, pintor belga, crea una obra basada en una fotografía publicada en un diario de una fotógrafa desconocida y es condenado a pagar por plagio; Pablo Katchadjian escritor argentino fue demandado por intervenir  un texto completo de Borges; Isabel Maran, diseñadora de modas fue acusada de imitar el diseño de un textil del pueblo mixe mexicano.

 

El copyrigth   no es suficiente para acotar la libertad creativa, el derecho  de “apropiación” de un autor sobre la obra de otro para desarrollar  obra derivada de la primera resulta legalmente ambiguo y costoso.

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¡Reporta todo lo que no funciona en tu ciudad! Baches, basura, fugas de agua, banquetas dañadas, fallas en el transporte público. Además de ser una aplicación para fomentar la participación ciudadana, también está permitiendo crear una gran base de datos sobre la incidencia de fallas en los servicios públicos, de modo que pueda servir a los gobiernos y organizaciones para diseñar planes de acción o políticas públicas.

 

A QUIÉN SEGUIR

 

Pablo Cruz es un talentoso fotógrafo  mexicano. En su cuenta de Instagram comparte parte de su trabajo. Destacan sus increíbles fotos que retratan lo vivido el 19 de septiembre en la Ciudad de México y todo el apoyo de los días posteriores, tanto en la Ciudad como en los municipios afectados.  

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·      El amargo don del olvido, de A. V. San Martín (misterio y thriller) 

·      Bajo el puente de los vientos, de José de la Rosa (romance histórico) 

·      El coleccionista de flechas, de Cristian Perfumo (ficción policiaca) 

·      Los crímenes del lago, de Gemma Herrero Virto (misterio sobrenatural) 

·      El legado de Ava, de Elena Fuentes Moreno (ficción contemporánea)