Pangea

-Todo comenzó con la masa madre-

Por: Fernanda Valdés Figueroa

 

A los seres humanos se nos ha concedido el poder invaluable de la transformación, esa posibilidad de combinar elementos para integrarlos en algo nuevo y diferente que está presente en todas las manifestaciones humanas: unimos los sonidos para formar palabras, música, lenguajes;  mezclamos los colores, los materiales, las texturas para crear obras de arte y combinamos los sabores y aromas de aquello que la naturaleza nos ha otorgado para fundirlos en productos que –elaborados de la forma correcta- alimentan no solamente nuestro cuerpo sino también nuestro espíritu.

 

Las primeras evidencias de la existencia del pan, datan de aproximadamente el año 8000 A.C siendo una de las primeras transformaciones que la vida sedentaria y la agricultura posibilitaron, así que este alimento que hoy en día está presente en las mesas de todas las civilizaciones ha sido uno de los más fieles testigos de la evolución cultural de los seres humanos, por lo que a lo largo de la historia se le han conferido múltiples atribuciones que van desde su inclusión entre los alimentos primordiales en cualquier estrato social hasta ser uno de los símbolos más importantes que tienen en común las distintas religiones alrededor del mundo.

 

Por eso al pan hay que tomarlo en serio y optar por opciones en cuya elaboración se tenga en cuenta todo el camino recorrido por este alimento tan diverso y tan capaz de ser representativo, tan apto para compartirse y tan único para disfrutarse. Cada trozo, pieza o rebanada de pan artesanal, tiene una historia que contar, sus ingredientes hablan de la cultura y el entorno al que quienes lo producen pertenecen, cada estilo obedece a una tradición y cada receta está dotada del espíritu de quienes la comparten.

 

Teniendo todo lo anterior en mente, nos decidimos a hacer pan, enfrentándonos al enorme reto de lograr que nuestras masas crecieran de forma natural y sin mejorantes, buscamos las mejores harinas, escuchamos y pusimos en práctica los más sabios consejos, ejercitamos nuestra paciencia y un buen día, por fin logramos que nuestro pan tuviera el sabor que buscábamos. Así surgió Pangea, un pan que se hace con pocos ingredientes pero mucha paciencia, determinación y cuidado. Decidimos renunciar para siempre a los mejorantes y aceleradores que terminan por hacer del pan un producto artificial  y garantizar que en cada uno de nuestros panes, lo que abunden sean la calidad, el buen sabor y la verdad.

Hubo una vez una gran masa

 

Hace unos 300 millones de años existía en nuestro planeta una masa inmensa que se llamaba Pangea, era la integración de lo que en nuestra era conocemos como los cinco continentes. Pangea permaneció unida aproximadamente 100 millones de años y fue la levadura en la que se incubó la posibilidad de que la vida se abriera paso en muchas y muy diversas formas de cuya evolución provenimos.

Si combinas agua, harina y sal y le permites actuar al tiempo, obtienes una mezcla que en mucho se parece a aquella masa primigenia, dentro de ella, comienza a surgir la vida en forma de levadura que crece, fermenta, se transforma y abre la puerta a un nuevo ciclo, esa masa madre se separa y adquiere nuevas y distintas formas que difícilmente se pueden repetir.

Cuando comenzamos a hacer pan, pensamos en darle un nombre que reflejara esa relación tan sorprendente y tan directa que el pan tiene con la vida y que en una palabra fuera capaz de resumir todo lo que para nosotros significa este proyecto, por eso elegimos Pangea, como un recordatorio de ese principio de unidad y constante evolución.

 

Harina, agua y sal... ¿se te ocurre una receta más sencilla?

 

Del pan hemos aprendido que en aquello que juzgamos tan simple cuando con tanta facilidad llega a la mesa, existe una enorme complejidad, que comienza con la selección adecuada de los ingredientes, demanda precisión en la manera de amasar y formar y desde luego, requiere de toda la paciencia para permitir que el tiempo haga su trabajo y de la humildad necesaria para entender que toda transformación representa también una posibilidad de fracaso.

 

Hacer pan nos permite observar cómo la materia prima adquiere vida, como ésta se reproduce siempre con resultados distintos en piezas que juzgamos perfectas y en otras que sin importar la precisión de la receta, pueden salir mal.

Horneamos el pan de cada día

 

Es sorprendente la intriga que causa el tamaño que alcanzará una masa al fermentarse, la alegría que da amasar una mezcla que el tacto percibe en su punto y la  emoción al observar cómo ya formada, crece dentro del horno cambiando su color y potenciando su aroma.

 

En Pangea, hacemos hogazas rústicas para los momentos dulces y también para los salados, horneamos panqués con las recetas que han estado presentes por generaciones en nuestra familia y biscuits que nos recuerdan tantos y tantos momentos de felicidad en la casa de los abuelos,  preparamos galletas con sabores únicos y a cada temporada la llenamos de sabor con los ingredientes que la naturaleza pone en nuestras manos en el  momento ideal para disfrutarlos.

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