Voluntariado en Victoria Falls

 

Un sueño en la selva africana 

 

 

 

Por: Ana Rosa Gordillo Terrón 

 

Hace cinco meses que estuve ahí y aún sigo recordando y añorando con melancolía el sonido de la naturaleza, respirar del aire puro, un cielo lleno de una paleta de colores vibrantes, pasando desde azul, naranja, rojo hasta llegar a púrpura, donde se forma un atardecer que cada día tiene algo que lo hace único. Y cómo olvidar ese cielo estrellado… ninguna foto le podría hacer justicia, podía admirarlo olvidándome del tiempo mientras esperaba volver a ver alguna estrella fugaz.  

 

 

 

 

Sin ser consciente de ello, Victoria Falls estaba dejando en mí una de las mejores experiencias que he vivido hasta ahora. Recuerdo el primer día que llegué, los voluntarios estaban asombrados -quizá un poco enojados- porque en la noche se había metido un elefante al huerto que ellos habían empezado a construir durante toda la mañana y por supuesto el elefante lo aplastó todo. A mí me entusiasmó muchísimo y lo primero que pensé fue lo afortunada que era de tener elefantes -y quién sabe cuántos más animales- como vecinos; lo segundo fue darme cuenta que mientras muchas personas en otras partes del mundo se preocupaban por no tener conexión de internet, nosotros nos preocupábamos de que el elefante no fuera a entrar de nuevo y destruyera el huerto una vez más. En ese momento me hice consciente de que ¡estaba en África!, y no era un sueño.  

 

 

 

 

"¡Estaba en África!"

 

 

 

 

La jornada comenzaba temprano, a las 6 de la mañana, y a pesar de que los días estaban un poco planeados en cuanto al trabajo que se tenía que hacer, sabíamos que el día nos tenía muchas sorpresas, desde ver a un rinoceronte bebé con su mamá hasta escuchar un león a unos cuantos metros de nuestro camping, debo confesar que esto último me daba un poco de miedo. 
Acampábamos todos los jueves sin excepción, en medio de la selva, sin tienda de campaña, bajo miles de estrellas y solo con una fogata que nos protegía de los animales...y del frío. El sonido de la selva en el día es muy diferente al de la noche, algunos animales como el leopardo aprovechan la noche para cazar
 a su presas, otros como el mono o el impala aprovechan para dormir. 

 

 

El trabajo consistía en remover la flora invasiva -como la lantana- para que creciera vegetación nativa y de esta forma se siguiera generando más vida. Los miércoles íbamos a una primaria en donde los niños te recibían con entusiasmo y sobre todo con mucho agradecimiento. Tuve la fortuna de conocer a Dean, un biólogo que nos enseñaba a rastrear animales, esto con el fin de aprender su forma de vida y ayudar a su conservación. De las cosas que más aprendí de él fue su capacidad de asombro, a pesar de llevar toda una vida trabajando en la reserva no había día en el que no se sorprendiera, no había animal que no le llamará la atención y se detuviera un buen rato a admirarlo. Creo que de eso hemos perdido mucho por estar inmersos en otras cosas.  

 

 

 

Me llevo de África la gente fabulosa que conocí, la enseñanza que me dejaron los animales al convivir todos en perfecta armonía sin importar su especie y sobre todo la responsabilidad de cuidar esta casa que es de TODOS.  

 

 

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La Línea 2  del Metro será desde este mes y hasta septiembre una galería móvil, ya que cuenta con un convoy intervenido con la obra del artista y activista social Keith Haring, quien es uno de los representantes de la generación pop de la década de los 80 y sus representaciones artísticas consisten en sencillos y coloridos dibujos de animales y figuras danzando. 

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