Tres días en Valle de Guadalupe, Ensenada 

 

Viñedos, increíbles paisajes, atardeceres frente al mar y los mejores mariscos son las imágenes con las que regreso después de estar tres días en Ensenada, un lugar que definitivamente vale la pena conocer y al que regresaría sin pensarlo dos veces.  

 

Volamos al aeropuerto de Tijuana, donde rentamos un coche, lo más recomendable para pasear por Ensenada y en el Valle de Guadalupe. Ensenada está a aproximada-mente hora y media de Tijuana, pero el tiempo pasa volando en la carretera escénica por la que vas bordeando la costa contemplando el mar, algo que se disfruta mucho sobre todo cuando se vive en la montaña y no se tiene todos los días.  

 

La primera parada obligada es en los puestos de mariscos de Puerto Nuevo a comer los famosísimos tacos de langosta. Hay muchos restaurantes, pero nosotros entramos a Puerto Nuevo #1, donde te sirven las langostas asadas con mantequilla, arroz rojo, frijoles y deliciosas tortillas de harina. Después de semejante banquete continuamos el camino rumbo a Ensenada y el Valle de Guadalupe. 

 

Para hospedarse hay diferentes opciones, desde el romántico hotel Burbuja, que son tal cual cápsulas transparentes en medio de los viñedos, ideales para contemplar las estrellas en la noche; el hotel que se encuentra dentro de Adobe Guadalupe, una de las bodegas más prestigiosas y que es una encantadora hacienda que te hará sentir en casa; los lofts de Encuentro Guadalupe, una de las opciones más lujosas; hasta el glamping en Cuatro Cuatros, la versión de lujo del camping tradicional.   

 

Llegando a Ensenada fuimos comer a uno de los lugares más bonitos del Valle: Deckman’s en el Mogor. De aquí recomiendo el lechón y el tentáculo de pulpo al carbón, pero lo mejor de todo es la vista y la decoración del lugar. Con girasoles colgados en las ventanas y pacas de paja en la terraza exterior, es inevitable querer quedarse toda la tarde contemplando el paisaje y por supuesto, tomando vino. Sin embargo, teníamos otro plan para ver el atardecer. Camino a Ensenada esta Cuatro Cuatros, un desarrollo residencial que tiene un bar con una vista espectacular. Incluso en el baño se sigue disfrutando de a vista maravillosa. Atardecer, tabla de quesos, amigos y vino. ¿Qué más se puede pedir? 

 

 

La parte complicada del viaje es decidir qué bodegas visitar en el Valle… ¡Cada vez hay más! Algunas destacan por su arquitectura, otras por los atractivos turísticos y otras por la excelente calidad de sus vinos. Hablando de arquitectura, está Clos de Tres 

Cantos, una vinícola creada con un concepto sustentable, por lo que la arquitectura siguió la tendencia del llamado “LandArt”, donde el paisaje es parte integral del proyecto.   

Para turistear está el Cielo, Decantos y Adobe Guadalupe, aunque en esta última hay que reservar el tour por las bodegas. En cuanto a los vinos, nuestros favoritos fueron los de Villa Montefiori, la bodega de Paolo Paolini, un italiano que llegó a México y tuvo el buen tino de invertir en un terreno privilegiado para la producción de uvas en el Valle. 

Villa Montefiori tiene en sus viñedos uvas únicas que no encuentras en ningún otro lugar del Valle. Destaca su colección Paolini, donde tiene el Nerone, el Nebbiolo y el Brunello, estos dos últimos premiados. 

 

Como nueva propuesta en el Valle, está Hilo Negro, una joven vinícola que con apenas tres años está empezando a posicionarse y a ganar premios. 

 

 

En cuanto a comida-cena, el lugar que sin duda ocupa el primer puesto es la Finca Altozano del Chef Javier Plascencia. Excelente comida, bebida y el lugar increíble.  

Para almorzar, la cocina de Doña Esthela con su borrego tatemado y la Guerrerense, lugar donde se encuentran los mejores mariscos en Ensenada. En la cocina de Doña Esthela es recomendable llegar temprano, pues después de las 11am el tiempo de espera para entrar puede ser de más de una hora.  

En la Guerrerense no hay ese problema pues tiene más el estilo con el que empezó de puesto callejero, donde te atiende personalmente Doña Sabina, y puedes optar por pedir en la banqueta o entrar al restaurante, el cual es bastante grande. 

 

 

Si se busca algo más gourmet, el lugar de moda es Corazón de Tierra, un restaurante pequeño y muy lindo donde solamente sirven el menú de degustación de seis tiempos, así que hay que ir con la mentalidad de comer poco, pagar caro y estar abierto a probar las ocurrencias del chef.  

 

La mejor temporada para visitar el Valle de Guadalupe es Julio y Agosto que es la vendimia por lo que hay muchos eventos y conciertos, además las viñas están verdes y con racimos de uvas listas para cosecharse. El clima también es muy agradable en esta temporada, cálido en el día y ligeramente fresco en la noche. Como última recomendación les sugiero reservar los restaurantes y bodegas que quieras visitar, no es indispensable, pero si recomendable sobre todo en temporada de vendimia. 

 

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A QUIÉN SEGUIR

 

Pablo Cruz es un talentoso fotógrafo  mexicano. En su cuenta de Instagram comparte parte de su trabajo. Destacan sus increíbles fotos que retratan lo vivido el 19 de septiembre en la Ciudad de México y todo el apoyo de los días posteriores, tanto en la Ciudad como en los municipios afectados.  

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